El movimiento del corazón

Estamos a casi un mes  de haber experimentado un sismo que nos sacudió de adentro hacia afuera y  de afuera hacia dentro; que nos generó miedos, ansiedades y que ocasionó pérdidas humanas y materiales que aún siguen doliendo  a nuestros hermanos y hermanas más afectadas en el Estado de  México, Morelos, Puebla y la Ciudad de  México. También, estamos a  más de un mes que ocurrió el terremoto que afectó a Chiapas y Oaxaca.

Es necesario y valioso reflexionar sobre lo que vivimos, y valorar las muestras de solidaridad espontánea que  surgieron y continuan, en especial de  los jóvenes  quienes sin pensarlo dos veces se sumaron a las acciones de rescate, de recolección de víveres y de aquello necesario para hacer menos traumática la experiencia que deja un evento tan inesperado como un sismo. A través de esta experiencia nos percatamos que lejos quedó la descripción dada a los jóvenes de esta generación, denominada “millennials”, la cual los consideraba apáticos, ajenos  al dolor del otro, distraídos y absortos en las redes sociales, ocultos detrás de una teléfono celular o una computadora.

Vimos a los jóvenes  saliendo a las calles a ayudar y, desde las redes sociales, convocar a otros  más a sumarse a tan noble causa, desestigmatizando que las redes sociales solo hacen daño. Vimos por ejemplo a jóvenes en las avenidas Cuauhtémoc, Tejones y otras de Chalco y Valle de Chalco, recaudando víveres y dinero, sin importarles el rayo directo del sol o la indiferencia de muchos.  Otros jóvenes han ido más allá, han tocado casa por casa, han animado  a  sus propias escuelas a ser solidarios. Es el caso de los universitarios del Tecnológico Universitario del Valle de Chalco que han salido de sus aulas para compartir sus conocimientos  y alegría con las comunidades más afectadas del Estado de México: Ecatzingo, Ozumba, Tepetlixpa, Tepecoculco, Tlalmimilolpan y otras del Estado de  México. Aquí, algunos de sus testimonios:

“Me conmovió visitar el municipio de Ecatzingo, una comunidad donde la gente se dedica al campo y la mayoría de las casas es de adobe. Fue uno de los municipios más afectados… Al estar en ese lugar una señora en especial se acercó a nosotros y nos comentó en qué condiciones se encontraba su hogar, a mi punto de vista esta casa era una pérdida total, agregándole el hecho de que tenía como 20 días de que había fallecido su esposo y ahora se había quedado sin su hogar. Fue difícil consolarla, pero la fuerza que desprendía esta mujer por superar esto era demasiado grande, animándonos a seguir adelante con nuestras actividades.” 

José Antonio Bautista, 33  años.

 “La experiencia que se vivió dentro de todas las actividades de brigadas fue muy satisfactoria, porque no solo estás repartiendo víveres o algún otro producto básico a las personas que lo necesitan, estás entregando parte de tus sentimientos en cada ayuda que brindas…Cuando vas a un lugar a brindar apoyo, pasan por tu mente miles de cosas, intentas hacerte a la idea de lo doloroso que puede ser ver personas sin un lugar donde pasar la noche, sin alimento, ni agua. Jamás imaginas la magnitud de las cosas, hasta que las ves, quizás esa fue una de las cosas que llamó mi atención… me hizo pensar que no estamos excentos a nada, y que es preferible hacer las cosas o acciones que te brindan un logro moral”.

Alejandra Lima, 21 años.

 “Recorrí siete casas o quizás un poco más, la verdad es que cuando se tiene contacto humano de este tipo te olvidas de los números. La primera casa a la que entré era pérdida total, ya no se podía habitar ahí dentro porque estaba a punto de caerse. Recuerdo perfectamente el rostro del señor que nos permitió entrar en lo que fuera su casa, nos contó que algunos vecinos le ayudarían a “levantar un cuartito”, recuerdo también cómo se me hizo un nudo en la garganta al ver que una persona tan pobre lo había perdido todo y aun así se mantenía de pie viendo por su familia, creo que es este momento el que marcó mi vida  y mi experiencia, porque dejé de creer lo que los medios de comunicación difunden cada que realizan una nota para evidenciar que los jóvenes de hoy ya no son empáticos: yo lo fui en ese momento en el que noté cómo se me acabaron las palabras para decirle a ese señor que no perdiera la esperanza, quizás su casa ya no existiría dentro de poco, pero su hogar no se iba a quebrantar tan fácilmente.”

Brenda Denisse Corona Márquez, 21 años:

Estamos a casi un mes  de haber experimentado un sismo que nos sacudió de adentro hacia afuera y  de afuera hacia dentro; que nos generó miedos, ansiedades y que ocasionó pérdidas humanas y materiales que aún siguen doliendo  a nuestros hermanos y hermanas más afectadas en el Estado de  México, Morelos, Puebla y la Ciudad de  México. También, estamos a  más de un mes que ocurrió el terremoto que afectó a Chiapas y Oaxaca.

Es necesario y valioso reflexionar sobre lo que vivimos, y valorar las muestras de solidaridad espontánea que  surgieron y continuan, en especial de  los jóvenes  quienes sin pensarlo dos veces se sumaron a las acciones de rescate, de recolección de víveres y de aquello necesario para hacer menos traumática la experiencia que deja un evento tan inesperado como un sismo. A través de esta experiencia nos percatamos que lejos quedó la descripción dada a los jóvenes de esta generación, denominada “millennials”, la cual los consideraba apáticos, ajenos  al dolor del otro, distraídos y absortos en las redes sociales, ocultos detrás de una teléfono celular o una computadora.

Vimos a los jóvenes  saliendo a las calles a ayudar y, desde las redes sociales, convocar a otros  más a sumarse a tan noble causa, desestigmatizando que las redes sociales solo hacen daño. Vimos por ejemplo a jóvenes en las avenidas Cuauhtémoc, Tejones y otras de Chalco y Valle de Chalco, recaudando víveres y dinero, sin importarles el rayo directo del sol o la indiferencia de muchos.  Otros jóvenes han ido más allá, han tocado casa por casa, han animado  a  sus propias escuelas a ser solidarios. Es el caso de los universitarios del Tecnológico Universitario del Valle de Chalco que han salido de sus aulas para compartir sus conocimientos  y alegría con las comunidades más afectadas del Estado de México: Ecatzingo, Ozumba, Tepetlixpa, Tepecoculco, Tlalmimilolpan y otras del Estado de  México. Aquí, algunos de sus testimonios:

“Me conmovió visitar el municipio de Ecatzingo, una comunidad donde la gente se dedica al campo y la mayoría de las casas es de adobe. Fue uno de los municipios más afectados… Al estar en ese lugar una señora en especial se acercó a nosotros y nos comentó en qué condiciones se encontraba su hogar, a mi punto de vista esta casa era una pérdida total, agregándole el hecho de que tenía como 20 días de que había fallecido su esposo y ahora se había quedado sin su hogar. Fue difícil consolarla, pero la fuerza que desprendía esta mujer por superar esto era demasiado grande, animándonos a seguir adelante con nuestras actividades.” 

José Antonio Bautista, 33  años.

 “La experiencia que se vivió dentro de todas las actividades de brigadas fue muy satisfactoria, porque no solo estás repartiendo víveres o algún otro producto básico a las personas que lo necesitan, estás entregando parte de tus sentimientos en cada ayuda que brindas…Cuando vas a un lugar a brindar apoyo, pasan por tu mente miles de cosas, intentas hacerte a la idea de lo doloroso que puede ser ver personas sin un lugar donde pasar la noche, sin alimento, ni agua. Jamás imaginas la magnitud de las cosas, hasta que las ves, quizás esa fue una de las cosas que llamó mi atención… me hizo pensar que no estamos excentos a nada, y que es preferible hacer las cosas o acciones que te brindan un logro moral”.

Alejandra Lima, 21 años.

 “Recorrí siete casas o quizás un poco más, la verdad es que cuando se tiene contacto humano de este tipo te olvidas de los números. La primera casa a la que entré era pérdida total, ya no se podía habitar ahí dentro porque estaba a punto de caerse. Recuerdo perfectamente el rostro del señor que nos permitió entrar en lo que fuera su casa, nos contó que algunos vecinos le ayudarían a “levantar un cuartito”, recuerdo también cómo se me hizo un nudo en la garganta al ver que una persona tan pobre lo había perdido todo y aun así se mantenía de pie viendo por su familia, creo que es este momento el que marcó mi vida  y mi experiencia, porque dejé de creer lo que los medios de comunicación difunden cada que realizan una nota para evidenciar que los jóvenes de hoy ya no son empáticos: yo lo fui en ese momento en el que noté cómo se me acabaron las palabras para decirle a ese señor que no perdiera la esperanza, quizás su casa ya no existiría dentro de poco, pero su hogar no se iba a quebrantar tan fácilmente.”

Brenda Denisse Corona Márquez, 21 años:

Estas experiencias son, a la vez, un cuestionamiento a instituciones como la familia, la iglesia, el gobierno, la escuela  y las empresas, pues nos preguntan si hemos hecho o estamos haciendo lo suficiente por ayudar a los jóvenes a que florezcan sus deseos más profundos, o al contrario,  si es que los obstaculizamos con etiquetas que estigmatizan, excluyen y entierran sus  deseos. Es tiempo de ampliar el dialogo intergeneracional, de soñar  y construir una sociedad sin exclusión con bases firmes de fraternidad, justicia y verdad, que no se caiga aín cuando un terremoto nos sacuda el suelo y la conciencia.

El Papa Francisco  intuye esta necesidad de escuchar la voz  de los jóvenes  y lo que pueden aportar  para ir reconstruyendo el tejido social de nuestras sociedades, por ello ha convocado a un Sínodo titulado “los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”, el cual será un espacio para dialogar, para escuchar los sueños  y aportar nuevas perspectivas de cómo vivir y ser  comunidad.

Que nuestra reflexión no se quede aquí, permitámonos seguir descubriendo en los eventos vividos nuevas rutas que nos permitan experimentar el calor de la fraternidad, la fuerza de la amistad, el coraje de no doblegarse ante los catástrofes naturales y sociales, y la ternura que da confiar en el  otro que nos sostiene cuando no se puede caminar solo.

Adrián de Jesús Ramírez Velázquez

Prenovicio Jesuita

Estas experiencias son, a la vez, un cuestionamiento a instituciones como la familia, la iglesia, el gobierno, la escuela  y las empresas, pues nos preguntan si hemos hecho o estamos haciendo lo suficiente por ayudar a los jóvenes a que florezcan sus deseos más profundos, o al contrario,  si es que los obstaculizamos con etiquetas que estigmatizan, excluyen y entierran sus  deseos. Es tiempo de ampliar el dialogo intergeneracional, de soñar  y construir una sociedad sin exclusión con bases firmes de fraternidad, justicia y verdad, que no se caiga aín cuando un terremoto nos sacuda el suelo y la conciencia.

El Papa Francisco  intuye esta necesidad de escuchar la voz  de los jóvenes  y lo que pueden aportar  para ir reconstruyendo el tejido social de nuestras sociedades, por ello ha convocado a un Sínodo titulado “los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”, el cual será un espacio para dialogar, para escuchar los sueños  y aportar nuevas perspectivas de cómo vivir y ser  comunidad.

Que nuestra reflexión no se quede aquí, permitámonos seguir descubriendo en los eventos vividos nuevas rutas que nos permitan experimentar el calor de la fraternidad, la fuerza de la amistad, el coraje de no doblegarse ante los catástrofes naturales y sociales, y la ternura que da confiar en el  otro que nos sostiene cuando no se puede caminar solo.

Adrián de Jesús Ramírez Velázquez

Prenovicio Jesuita